15 abril 2017

¡Feliz Pascua de Resurrección!

 
"Pedro fue corriendo al sepulcro" (Lc 24, 12). ¿Qué pensamientos bullían en la mente y en el corazón de Pedro mientras corría? El evangelio nos dice que los Once, y Pedro entre ellos, no creyeron el testimonio de las mujeres, su anuncio pascual. Es más, "lo tomaron por un delirio" (v.11). En el corazón de Pedro había por tanto duda, junto a muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión por haberlo negado tres veces durante la Pasión. Hay en cambio un detalle que marca un cambio: Pedro, después de haber escuchado a las mujeres y de no haberlas creído, "sin embargo, se levantó" (v.12). No se quedó sentado a pensar, no se encerró en casa como los demás. No se dejó atrapar por la densa atmósfera de aquellos días, ni dominar por sus dudas; no de dejó hundir por los remordimientos, el miedo y las continuas habladurías que no llevan a nada. Buscó a Jesús, no a sí mismo. Prefirió la vía del encuentro y de la confianza y, tal como estaba, se levantó y corrió hacia el sepulcro, de donde regresó "admirándose de lo sucedido" (v.12). Este fue el comienzo de la "resurrección" de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apargarla. También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana para realizar una obra de misericordia, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia. Estaban "despavoridas y mirando al suelo" pero se impresionaron cuando escucharon las palabras del ángel: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (v.5). Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestro sepulcros sellandos, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida".

Papa Francisco, Homilía Vigilia Pascual, 2016.