05 abril 2015

Domingo de Pascua: Cristo ha resucitado ¡Aleluya!


Hemos resucitado.

Tras la muerte del viernes y del gran silencio del sábado, llega la mañana de Pascua en la que gritamos con fuerza y alegría: ¡Hemos resucitado!

Ya es imparable, no tiene vuelta atrás. El Espíritu del resucitado se mueve donde quiere y el Reino avanza en lo oculto y anónimo de la historia como un grano de trigo, como la levadura en la masa, como la sal en el guiso, como la brisa en la noche. Sólo nos toca ser testigos de su encuentro con nosotros, como lo fue María Magdalena, dejarnos sorprender por la fuerza del resucitado en el camino de la historia, para poder comprender que en lo más diario él viene y nos deja que lo abracemos y nos habita haciendo que arda nuestro corazón ante la vida y los hermanos que nos rodean. Resucitar es sentir el ardor del amor en lo profundo de nuestras vidas, el que se realiza cada mañana cuando nos levantamos para seguir construyendo la ciudad, la casa del mundo, haciendo de la ecología una economía de la fraternidad, buscando que a nadie le falte el pan de la justicia ni el agua de su dignidad. Nuestros hermanos se encontrarán con Él cuando nosotros, haciendo arder la tierra, le llevemos la noticia de que son queridos como hijos únicos en el Hijo, y se hagamos creer en nuestra propia generosidad como desbordamiento de su gracia y de su encuentro con nosotros. Será entonces cuando podremos decir que no lo anunciamos porque nos lo hayan contado, sino porque nosotros mismos lo hemos visto y experimentado en nuestra pequeñez y nuestra debilidad.

VV.AA. ¿Qué has hecho con tu hermano? Cáritas Española, Madrid, 2015. 243
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