28 diciembre 2014

La Sagrada Familia de Nazaret


 
 
En este domingo en el que la Iglesia tiene un recuerdo especial para la familia, traemos al blog un fragmento de una conferencia presentada, por Cáritas, en la Semana de la Familia del año 2011.

"...Para hablar de la familia vamos a fijar nuestra mirada en una familia muy especial que nos puede ayudar, en estos tiempos tan concretos, a recordar los valores que Cáritas reivindica para la familia actual. 


Se trata de la FAMILIA DE NAZARET. La familia formada por José y María y su hijo llamado Jesús.

Cuando se habla de la familia de Nazaret se produce, a veces, el hecho de presentarla como una familia irreal, idealizada, ajena a los problemas y dificultades de su tiempo. La iconografía la ha representado, mayoritariamente, con colores pasteles y con semblantes dulces. No decimos que esté mal esta representación, sin embargo, ese tipo de imagenes puede llevarnos a un espacio irreal que más que servirnos de modelo lo que hace es conducirnos a ninguna parte, pues no existe familia donde no haya dificultades y problemas, ni siquiera en la Sagrada.

La familia de Jesús es para nosotros el modelo primero, independiente del tipo de familia que tengamos, en la familia de Nazaret encontramos los valores positivos que debemos vivir y los que desde Cáritas trasmitimos a través de nuestro trabajo educativo con familias en situación de riesgo o exclusión social.

Don Antonio Ceballos, nuestro obispo emérito, en su carta pastoral titulada “LA VIDA EL MEJOR TESORO DE LA FAMILIA escrita para la Semana de la Familia del año 2009 decía que “la familia es  la primera escuela de humanidad, es la que nos da la primera experiencia de la vida personal, la que nos enseña a vivir y a convivir”. Jesús de Nazaret se encarnó en la familia formada por José y María. Su vida estuvo dedicada a vivir el amor, el servicio, la entrega. Esto fue de este modo por haberlo vivido Jesús así. Él lo aprendió en casa, de María y de José. El ser humano desde que nace inicia un proyecto que se va configurando a lo largo de los años con la ayuda de otros, y los primeros referentes los encontramos en el ámbito familiar, especialmente en los padres.

Pero, además de ser escuela de humanidad, en el hogar de Nazaret, al igual que Jesús, podemos aprender más cosas.

El hogar de Nazaret es para nosotros escuela de confianza. José se fió de Dios cuando descubrió que María estaba embarazada antes de vivir juntos. No la repudió, al contrario, José, hombre de fe profunda, acepta a María por que es voluntad de Dios que ese niño nazca de María. Quizás no comprende qué sucede pero su confianza en Dios le hace acoger a María y a su hijo en su casa. De la confianza surge el diálogo, la comunicación, la intimidad.

El hogar de Nazaret es para nosotros escuela de vida y amor. María trasmite la vida a Jesús, y Dios Padre, valiéndose de José, le pondrá el nombre. El niño se llamará JESÚS que significa DIOS SALVA. El nombre en el judaísmo determina la vida. Jesús es la imagen visible de Dios y dedicó su vida a manifestar el amor de su Padre a los hombres. En el hogar de Nazaret desde sus comienzos se vivió el amor entre sus miembros y con los demás.

Nuestra felicidad proviene de sentirnos amados. La familia es un lugar privilegiado para experimentar ese amor profundo, el más parecido al amor de Dios, porque en la familia se nos ama sin condiciones, se nos ama por quienes somos, no por lo que hacemos o tenemos; no se nos quiere por nuestras cualidades o capacidades ni se nos deja de querer por nuestras limitaciones y defectos. Los padres, si vislumbran el don que es la vida, lo divino que hay en ella, son testigos privilegiados del valor infinito de la vida de los hijos. La familia se convierte en un verdadero hogar, como en Nazaret, en donde se comparten las alegrías y las penas y donde se puede decir que se forma la actitud de ser un solo cuerpo, una sola alma y un solo corazón.  Un hogar sin amor, es un espacio gris y frío.

El hogar de Nazaret es escuela de servicio y entrega. Según relata el evangelista Lucas, desde el mismo momento en que María queda llena del Espíritu de Dios, nace en ella una actitud de servicio y donación que ya no la abandonará nunca. María no duda un instante en dejar su casa e ir al encuentro de su prima Isabel que está muy mayor y embarazada, y que la necesita.  María deja su hogar en Nazaret y atraviesa el país. Un camino peligroso, lleno de peligros. Sin embargo, ella ha visto la necesidad de su prima y va a su encuentro. Será en casa de Isabel donde María recita su oración del MAGNIFICAT. Este cántico que María proclama en el Evangelio de Lucas será su programa de vida que nos presenta a una mujer creyente convencida de que era necesario un cambio en la situación social en la que vivían. La familia como elemento básico de la sociedad necesita de unos valores más humanos y justos que contagien a toda la sociedad. Es la misión de “visitar” de ir hacia el otro, en nuestro caso de visitar una sociedad entera, necesitada de nuevos valores, necesitada de ayuda y falta de anuncio de Evangelio.

El hogar de Nazaret es escuela de valores. La familia es el hogar donde se aprende a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia y el respeto. María y José trasmitían al niño estos valores. María se encarga de enseñar al niño a rezar y también las primeras letras. El evangelio dice que el niño crecía en sabiduría, fortaleza y gracia ante Dios y ante los hombres. La familia educa a la persona según todas sus dimensiones hacia la plenitud de su dignidad. Es el ámbito más apropiado para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales y religiosos, que son esenciales para el desarrollo y bienestar tanto de sus propios miembros como de la sociedad. Entre estos valores que se aprenden en la familia, Jesús en su hogar de Nazaret aprendió el valor de la sencillez y la pobreza. No fue la familia de Jesús una familia rica y poderosa. El hogar de Jesús vivió en la sencillez y la austeridad. Nazaret no era un pueblo importante, era más bien un pueblo sencillo que no figura en los grandes acontecimientos del pueblo de Israel. 

Jesús vivió rodeado de gente humilde y trabajadora y de pobres, enfermos y excluidos. Esta familiaridad con estas personas es lo que hizo que, después, cuando salió por los caminos a anunciar y vivir el Evangelio, no tuviera miedo ni reparos a acercarse a ellos, a tocarlos y aceptarlos de forma incondicional.

El hogar de Nazaret es escuela de convivencia. La familia sigue siendo hoy el marco privilegiado para las relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Todo encuentro con el otro es una oportunidad para desplegar nuestra capacidad de amar. En la familia, los niños y jóvenes conviven con los ancianos y aprenden que, aunque no son productivos, no son inútiles y, aunque hay que cuidarlos, no son gravosos ni incómodos.

La familia es, por tanto, la mejor escuela para crear relaciones comunitarias y fraternas, frente a una sociedad donde el individualismo se ha instalado de manera muy fuerte, la familia construye cada día una red de relaciones interpersonales y educativas para vivir en sociedad en un clima de respeto, justicia y verdadero diálogo.

Sin embargo, esta escuela que es la familia de Nazaret no estuvo exenta de problemas y amenazas. Al igual que muchas familias en la actualidad, la familia de Nazaret, tuvo que pasar vicisitudes que la amenazaron y complicaron su existencia. Recordemos que, tras el nacimiento de Jesús, fueron perseguidos por Herodes, sus vidas corrieron peligro, tuvieron que exiliarse a Egipto, dejando su casa y su vida atrás, viviendo como extranjeros en un país lejano. Cuando Jesús era un niño y bajaron desde Nazaret a Jerusalén a celebrar la Pascua, Jesús quedó en el Templo. María comprende que algún día, Jesús dejará el hogar familiar para cumplir con su misión. Es la separación de los hijos que los padres tienen que asumir para que ellos se desarrollen plenamente.

En definitiva, en Cáritas creemos en el tipo que familia que transparenta la familia de Nazaret. Este es el tipo de familia que, desde nuestra formación y nuestra acción, queremos ayudar a construir o a reconstruir. Nuestra misión concreta está destinada al trabajo con las familias heridas por causa de la pobreza y la exclusión..."

15 diciembre 2014

CAMPAÑA INSTITUCIONAL ¿QUÉ HACES CON TU HERMANO?



“¿Qué haces con tu hermano?”. Con esta pregunta interpeladora, Cáritas lanza su campaña de Navidad 2014, que marca el arranque de la campaña institucional 2014-15 y que, hasta el año 2017, va a desarrollarse en varias etapas bajo el lema general “Ama y vive la justicia”.

Pérdida de derechos


Durante este primer periodo de la campaña (2014-15) --donde el segundo momento de impacto será el Día de Caridad, en junio próximo-- el objetivo se va a centrar en las personas más vulnerables y la pérdida de sus derechos, que han dado lugar a nuevos rostros de pobrezas. De ahí la elección de la frase del Génesis «¿Qué has hecho (qué haces) con tu hermano?», con la que se pretende interpelarnos sobre quién es realmente el otro, quién es la persona para nosotros, cuál es su dignidad y cómo acompañamos y cuidamos al que está en situación de necesidad o de desventaja social.

La nueva campaña institucional de Cáritas es una invitación a construir una fraternidad comprometida, que tiene su raíz en nuestra condición común de ser miembros de una sola familia humana, con la misma dignidad y derechos, todos, hijos e hijas de Dios.

Llamados a “desear, buscar y cuidar el bien de los demás”, como señala el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium, en este primer año de campaña se plantea esta pregunta valiente: ¿Qué haces con tu hermano? ¿Qué hacemos con nuestros hermanos y hermanas?

Movernos ante las injusticias cotidianas

Cáritas piensa que, “no se trata tanto de formular un juicio sobre nuestras actitudes como de lanzar una llamada urgente que nos interpela y nos rescata de ser cómplices en la indolencia; es una llamada a vivir volcados en la realidad que vivimos, en la de las personas que ven recortados sus derechos cada día y que busca conmovernos y movernos ante las injusticias cotidianas de un estilo de vida cómodo y superficial”.

Como continuidad a las ediciones anteriores, el objetivo de esta campaña institucional es sensibilizar en los valores de Cáritas a través de un amplio repertorio de materiales de sensibilización, así como dinamizar los proyectos y ámbitos de la acción de la institución.

Ser presencia activa y referente en valores

Bajo el lema “Ama y vive la justicia”, con esta campaña “emprendemos un camino hacia las fuentes, a las raíces de nuestra esencia e identidad, para recordarlas, actuar en consecuencia, ser presencia activa y un referente en valores en la sociedad, especialmente en este tiempo en el que las personas parecen haber perdido valor”, añade Eva San Martín.

Al plantear la cuestión “¿Qué haces con tu hermano”?, Cáritas quiere recordarnos que cada uno somos guardianes de nuestros hermanos, guardianes de sus derechos y de los nuestros, de los que nos hacen persona. Como se indica en la guía de la campaña, “sin los derechos humanos no podemos abrir la puerta a un orden civil acorde a la dignidad humana. Todos, somos guardianes de la verdad, de la libertad, de la justicia, del amor”.

Plan de sensibilización trienal

Tras la primera fase de la campaña, durante el segundo periodo de la misma (2015-2016) el lema inspirador va a ser «Practica la justicia»: Parafraseando a Miqueas, «practica la justicia, ama la misericordia y camina humildemente con tu Dios» (Mi 6,8), desde Cáritas se pondrá el acento en la práctica de la justicia y de los derechos, en la acción directa transformadora y en la denuncia profética.

05 diciembre 2014

Día Internacional del Voluntariado 2014


Con motivo de la celebración del Día Internacional del Voluntariado, Cáritas Diocesana quiere agradecer a todos los voluntarios que la integran su gran labor, generosa y desinteresada, a favor de los más pobres de nuestra sociedad.

En la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Cáritas Diocesana, cuenta con 850 voluntarios que realizan su labor en las Cáritas Parroquiales (acogida, atención primaria a personas y familias en situación de exclusión social...) y en los proyectos de intervención social (personas sin hogar, desempleados, infancia...).

Para la celebración de este día significativo, el delegado episcopal de Cáritas Española, Vicente Altaba, ha dirigido una carta a todos los voluntarios que reproducimos a continuación:

Queridos voluntarios y voluntarias de Cáritas:


Cuando me pongo delante de este folio dispuesto a haceros llegar un saludo en el Día Internacional del Voluntariado, lo primero que me viene a la mente es comenzar con unas palabras de agradecimiento a todas y todos vosotros por lo que significáis para Cáritas  y por el excelente servicio que de manera tan eficaz como callada y generosa ofrecéis día a día a los empobrecidos. Sin embargo, cuando de manera más reflexiva entro en mi propia experiencia intentando hablaros de corazón a corazón, de voluntario a voluntario, siento la necesidad de cambiar mis palabras y de comenzar poniendo de manifiesto la experiencia más honda que llevamos dentro y que nos hace sentir cada día que somos nosotros los primeros que nos sentimos profundamente agraciados y agradecidos por el don que significa ser voluntarios.


Sí, hoy es un día para proclamar y celebrar que ser voluntarios de Cáritas es una gracia, un don, un regalo, una profunda suerte. Es una suerte tener ojos abiertos para ver el sufrimiento de los pobres, oídos atentos para escuchar su clamor y corazón sensible para conmovernos. Es un regalo salir de nuestra cueva, de nuestras comodidades y seguridades, detener el ritmo absurdo de una vida vivida sólo para nosotros mismos, y poner lo que somos y tenemos al servicio de los hermanos tirados al borde del camino, de los que más necesitan, de los que son desechados, ignorados y olvidados. Y es una gracia experimentar que, detrás del clamor de los más débiles y pobres, nos sentimos llamados por un Dios que tiene entrañas de amor, que se conmueve ante la pobreza y el sufrimiento humano y nos convoca a hacer presente su Reino construyendo una nueva humanidad en que los excluidos puedan integrarse en una sola familia humana, sentarse con los hermanos a la mesa y vivir con dignidad.


Esta dimensión global de la identidad del voluntariado de Cáritas se está viendo rubricada en los últimos años con el impulso de las experiencias de quienes están dispuestos a verificar su gratuidad en el seno de otras Iglesias en donde nuestra Confederación desarrolla su cooperación fraterna. Esta opción por el voluntariado internacional nace de la misma esencia de la Iglesia que vive la caridad universal y sin barreras.


Desde esta conciencia agradecida y universal, hoy es también un día oportuno para renovar el gozo de la vocación a la que hemos sido llamados en la Iglesia y en el mundo: Ser instrumentos de la gracia para difundir el amor de Dios y hacer presente en nuestra historia el rostro misericordioso del «Dios de los humildes, el defensor de los pequeños, apoyo de los débiles, refugio de los desvalidos, salvador de los desesperados» (Jud 9,11). Un día para renovar el gozo de nuestro servicio, la gratuidad de nuestra entrega y decirle una vez más al Señor: Aquí estoy, dispuesto y agradecido porque en el servicio a los pobres has querido contar conmigo.


Pero aunque no la busquéis, quiero tener también con  vosotros una palabra de agradecimiento. Gracias, con palabras del díptico institucional, por cambiar la mirada de la realidad, descubrir las capacidades de las personas que están a vuestro alrededor, los tesoros escondidos en las personas más excluidas y vulnerables, y poner en movimiento vuestras capacidades. Gracias por no esperar que otros cambien y movilizaros haciendo vuestra la esperanza de quienes anhelan tener un espacio humano y digno en la sociedad. Gracias por no ceder a la rutina, por formaros y renovaros permanente en vuestro  servicio y construir espacios de esperanza. Gracias porque además de asistir a los pobres, trabajáis por la justicia y por trasformar las estructuras que generan la pobreza y la exclusión.


Y quiero terminar con una invitación: No olvidemos nunca que la fuente y el sentido de nuestro servicio está en nuestra configuración con Jesucristo y que lo más importante que podemos ofrecer a los pobres –como él hizo-, es la vida hecha don y puesta a sus pies en el servicio. Para eso, dice Francisco, “hace falta un espacio interior que dé sentido al compromiso” (EG 262). Sirvamos, pues, a los pobres desde una profunda espiritualidad, como discípulos-misioneros de Jesucristo. ¡No nos dejemos robar la espiritualidad!

Un saludo muy afectuoso y sincero a todos y cada uno de vosotros.

Vicente Altaba
Delegado Episcopal de Cáritas Española