08 marzo 2011

Carta Pastoral - Día Internacional de la Mujer


Mis queridos diocesanos:

Un año más el 8 de marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora. Esta Jornada del Día Internacional de la Mujer Trabajadora cumple cien años.

Esta fecha nos invita a reflexionar sobre el significado y el valor de la presencia de la mujer en el mundo del trabajo. El trabajo femenino, con las características que reviste en la actualidad, constituye un fenómeno nuevo que hay que tener muy en cuenta, y que ya el Papa Juan XXIII señaló en la Pacem in terris, como un signo de nuestro tiempo.

1. Un trabajo decente

El Papa Benedicto XVI hace una defensa de un “trabajo decente”, y se pregunta “¿qué significa la palabra “decente” aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Benedicto XVI, Encíclica Cáritas in veritate, n. 63). Ahora bien, si se quiere promover a la mujer, hay que hacerlo de una manera integral sin perder nunca de vista la plenitud de su dignidad y su especificidad.

2. Profunda crisis económica y de paro

Ante la profunda crisis económica y de paro que estamos asistiendo, el trabajo debe ser un medio eficaz para realizar la propia personalidad de la mujer, pero al mismo tiempo la tremenda crisis de valores humanos que estamos padeciendo no deben dañar los vínculos con la propia familia, que forma la finalidad amorosa de sus fatigas. La situación de paro afecta a todos, pero sobre todo a la mujer, y es necesario que la mujer goce de un trabajo decente, Efectivamente, a través del trabajo la mujer gasta sus energías para el sostenimiento de su familia y para su pleno éxito material y espiritual.

3. Testimonio de la mujer trabajadora

Queridas trabajadoras: a vuestra condición de trabajadoras más la de cristianas. Tened, pues, la valentía, en esta sociedad, de dar testimonio de la doble dimensión de vuestra vida como trabajadoras y como cristianas. Contribuid a enriquecer toda forma de solidaridad y fraternidad cristiana con el espíritu de comunidad cristiana. Anunciad el nombre de Cristo, del carpintero de Nazaret, del Hijo de Dios, del verdadero liberador de todos los males que tienen prisionero al hombre y lo amenazan. Anunciad a Cristo en vuestras familias, en vuestros talleres, en vuestras oficinas, en vuestros puestos de trabajo y en vuestras fábricas; y comprometeos por las enseñanzas de la fe y de la Doctrina Social de la Iglesia. Sed levadura y semilla de una presencia cristiana en todo lugar donde viváis. La Iglesia tiene confianza en vosotras y os apoya si os comprometéis a llevar el Evangelio a los trabajadores.

Ante una sociedad con crisis de valores, que a tantas conciencias afecta y turba, construid vuestra vida sobre lo que la mujer es, sobre la verdad de su ser. No “contra”, no “sin”, no “como” el varón, sino con el varón. Varón y mujer tienen distintos modos de ser y de actuar, de las que no se pueden prescindir. Por esto, la acción conjunta realizada es, al mismo tiempo que complementaria, mutuamente enriquecedora.

Queridas trabajadoras cristianas: Tened presenta a María, la mujer fuerte del Evangelio, humilde trabajadora de Nazaret. En ella Dios ha hecho cosas grandes. Lo mismo hará con vosotras.

Reza por vosotras, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta
Publicar un comentario